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  ES QUE... RECORDAMOS ES QUE... RECORDAMOS A HERNÁN SIEGERT
Tomado del Boletín Rotarios en Acción (octubre de 2007)

Patricia Lara intitula su artículo “La Letra con Sangre Mata”:

“El maltrato (infantil) es la principal causa para huir de la casa, afirma una investigación del Instituto de Bienestar Familiar y la Unión Europea, realizada en las principales

capitales del país”, es el tema del artículo -El Colombiano, domingo 12 de agosto de 2007-. El tema son los niños maltratados, los niños que al final se transforman en parias,

cuando menos, y que en el campo casi siempre pasan a engrosar las filas de la guerrilla o los paramilitares. Son los niños y su circunstancia, fácil presa de la guerrilla.

Mirémoslo desde otro punto de vista, son la fuente del descontento donde la guerrilla encuentra “bastimento” permanente, porque en nuestro país son los niños desdichados una fuente inagotable… En la guerrilla, de cierta manera, obtienen la identidad que nunca tuvieron o habían perdido: “Ahora soy algo, me siento parte de ese gran todo; ahora, si, ya mi vida tiene un significado”... “El niño, ahora varón, se había llenado de reflexiones y cuestionamientos, y ahora, si, pensaba en sí mismo, en ese proceso de lucha por un reconocimiento digno”. Es posible que este niño –ahora adulto- no sea del todo consciente sobre lo ocurrido en su interior, pero tampoco la vida lo ha cogido por sorpresa, y si no tiene esta clase de reflexiones intelectuales, experimenta en su fondo una profunda transformación... Es imposible desde la ciudad, y en el punto en que nos ha puesto la vida, solidarizarnos con su modo de lucha, además porque pensamos que en estos últimos años el mundo ha cambiado, y al hombre se le abren muchas otras perspectivas. En realidad, ha habido una profunda transformación, y otros son los interrogantes. Así como a montones deben ser los interrogantes de la guerrilla. Las contradicciones, en el fondo de todo, deben también acosarles... No más pensemos en el

deterioro por el que han pasado a causa de la droga, y no menos la actitud que deben asumir frente al terrorismo, ahora. Sin embargo, no podemos perder de vista las causas

sociales del campo que hicieron posible que se extendiera por tantos años la violencia en el país, ello ha alentado, de cierta manera, el ambiente para que peleche la guerrilla, es un fenómeno económico y social de intususcepción que impulsa el deterioro general (Aunque no es del caso citar a Daniel Pecaut, en éste, apenas un simple comentario, recomendamos su lectura. Uno de sus libros: “Guerra Contra la Sociedad”. Él es un reconocido sociólogo francés, que ha estudiado nuestro conflicto desde hace varios años).

¿A qué atribuir todo esto? ¿Es una responsabilidad de los adultos? Lo que le sucede a los niños, que no son culpables de nada, es con lo que la mayoría de los ciudadanos tenemos que convivir en la vida y en la noticia a pesar de todo, a pesar de haber pensado que con el “Instituto de Bienestar Familiar” todo estaba previsto, porque, con éste, cualquiera supone que estaban tomadas las medidas para mejorar en este sentido, cómo que no, si a cuya cabeza o en su dirección se han vinculado profesionales que saben más que nadie de estas cosas... Pero sucede, lo que a todo en el mundo: lo imprevisible. Y nos asaltan las dudas, siempre sucede que no se llega hasta el fondo. Se concibe, por ejemplo, que el instinto maternal les da protección. Pero sucede, que hasta las madres venden su niño recién nacido. Pocos casos, pero los hay. Se trata de que esta aberración no pulule, ni tampoco culpar a la pobreza de todos estos males, ni a los malos instintos -que si los hay-: dejemos, pues, a los especialistas que opinen sobre la materia... ¿O será, quizás, la carencia de todo, o el vacío de no poder mirar con esperanza, lo que nos conduce a un estado desolación, y sin soluciones, la causa de todo?

Existen, pues, otras instituciones de carácter particular... yo diría, que, en su medida, “El Hogar Infantil” es un ejemplo de lo qué se puede: yo diría que con obras así es como si sembráramos cultura en el jardín del amor por el niño: Es llamar la atención por su majestad el niño. Es hacer cultura. Es por eso por lo que recuerdo hoy a los compañeros: Hernán Siegert y Agustín Jaramillo, y también a todos aquellos que por largo tiempo han estado vinculados a esta obra rotaria, la cual en buena hora se fundó.

DEL DIRECTOR:

Hago la salvedad, por si ya los compañeros Gabriel y Jaime, ocupados en el tema del “Medio Ambiente”, y Darío por tratarse de “La Agronomía”, su profesión -y además, porque sé que su preocupación es la conservación de las especies, y porque los cultivos de arbustos y matas son su “goma”, conocen del tema y hasta podrían complementarlo, agregándole otros nombres a la lista. Eso no obsta, pues, para darles esta buena nueva sobre los nombres autóctonos de los arbustos y árboles nativos que han nacido a la buena de Dios, agrestemente, por estos montes de oriente, entre ellos los más conocidos: Guacimo, Nigüito, Carate, Punta de Lazá, Drago, Amarraboyo, Laurel, Canelo, Blanco, Colorado, Mierda, Espadero, Chirco Colorado, Encenillo, Olivo, Balzo, Chaguiro (maderable), Azuceno, Doble, Guayabo de Monte, Siete Cuero, Chagualo, Hoja Ancha, Hoja Menuda, Botón de Oro, Frutillo (da jabón), Arrayán, Mortiño, Carbonero, Sarro: Blanco de Castilla y Peludo; Cordoncillo, Pata de Gallina, Tabaquillo, Carate Hoja Roja, y quién sabe cuántos más... No encuentro otra manera de desembarazarme de mis viejas e inútiles libretas, sino trasladando al boletín estos nombres de árboles nativos, pues cuando la urbanización nos haya invadido, y los montes estén desiertos, para todos sería desconsolador que nos hayamos olvidado, tampoco me he olvidado de la persona que me dio estos nombres. Fue una vez que tuve en mi finca a alguien a quien llamaban “Grillo” ¿Pero, quién era Grillo? Buscando un empleo temporal vino Grillo a mi casa. Alguien le acomodó el remoquete, y aquel que lo hizo era un caricaturista en mientes, o era solo un humorista innato. Yo pienso mejor en el dibujante que le encuentra su parecido a las personas. Lo que si puedo asegurar es que por aquí no se abusa buscándole a las personas sobrenombre, pero eso de que le acomodaran a él el remoquete de “Grillo”, es para mí el mejor acertijo. Antes de conocerlo y conversar con él estuvo al frente mío, no sabía todavía quién era cuando lo vi montado en su bicicleta, parado, reconociendo mi casa, un pie en el pedal y otro en tierra, su cuerpo tenso sobre el manubrio, y su aspecto de insecto, su sombrero estropeado y campesino, y al costado las alas recogidas hacia arriba, mugriento ya, la piel que apenas le cobijaba sobre su cuerpo, apoyándose sobre la bicicleta con mirada de Grillo. No había visto un apodo tan bien puesto. Lo ensayé de jardinero, pero no obtuve de éste el resultado que esperaba, lamentablemente. Sin embargo, me habló del monte y me ilustró con estos nombres, nombres para él más que familiares.

 
 

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