MENSAJE
DE UN ADULTO MAYOR
Tomado del Boletín Rotarios en Acción (octubre de
2007)Por
Merceditas Arboleda de Fernández
Jamás desistamos de autovalorarnos
y querernos. Para valorar y querer a los demás, es preciso hacerlo
primero con nosotros mismos, porque nadie puede dar de lo que no
tiene.
No permitamos que nos ignoren y
arrinconen. No importa que cada día aparezca en nuestra piel una
arruga más, o que la nieve del tiempo adorne nuestra cabeza, si lo
básico sigue teniendo vigencia y, a pesar de los años, mantenemos el
ritmo que parece alejarse con la brisa que pasa, pero que está
presente si nos sentimos vitales, con la fuerza necesaria para
fijarnos metas cada vez más altas, pues los primeros logros agitan
nuestras alas y nos permiten llegar cada vez más lejos.
No nos menospreciemos. Si Dios nos
concedió la maravilla de una mente sana y un cuerpo activo, tenemos
la obligación de devolverle algo de lo mucho que El nos dio,
poniéndonos al servicio de quienes vienen atrás.
La felicidad, aún cuando hayan
pasado los años, la encontramos en sitios y momentos inesperados
porque, necesitamos tan poco para sentirnos felices: el “viejo” que
con respeto y amor nos dice el hijo; el “abue” que balbucean los
nietos tiernamente; el “amigo” del fiel compañero de toda la vida.
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